Saturday, October 8, 2011

Dos monstruos, dos promesas y un milagro

2 de enero 8:52 am

Una taza de te yace ahora olvidada sobre la mesita en la sala de estar que pertenece a quien ha eludido a la muerte de la única manera posible, estando al borde.

Lentamente, a lo lejos, en el viento o tal vez en un balcón, se escuchan sollozos mermando hasta la nulidad y un par de pies arrastrándose pesadamente. Charlotte camina descalza hacia su habitación “Vaya noche –Piensa Charlotte tratando inútilmente de de recordar a la mujer en el auto –ojala pueda dormir en paz”

Al entrar a la habitación y caer abruptamente sobre su cama, se da cuenta de que hay algo q no pertenece ahí:

–¿Una rosa…? –Dice Charlotte a si misma mientras, sin levantarla, acaricia uno de los pétalos hasta que sus dedos temblorosos se posan sobre una nota cuidadosamente doblada y colocada bajo el tallo, clavada en la única espina que posee. “Vida y muerte… ambos envueltos en pétalos de cálido carmesí. Vaya ironía… Yo soy la ironía.” Sin saber porque, Charlotte se da cuenta de la fina sonrisa en su boca antes de caer vencida por el sueño.

-…y así el guerrero sucumbe ante la piedra esculpida por su propia malicia. Requiéscat in Pace. Gorgona. Ella dice que ese seudónimo representa su pasado y su futuro. Una joven privilegiada (no tendría mas de 16 años), de expresiones firmes y mirada penetrante, piel tersa y bronceada, casi perfecta de no ser por una amplia cicatriz a lo largo de su pómulo y mejilla derechos, nadie sabe cual es la fuente de esa marca, nadie se atreve a preguntar, saben que no responderá.

Gorgona fue la ultima en deleitar a los Hijos de Salem con su obra. Ellos se reunen 3 veces a la semana en un lóbrego y abandonado tugurio en las afueras de la ciudad, se reunen a mostrar su arte y ahogarse en su propio hedonismo y autosuficiencia.

Al salir de su punto de reunión, “El patíbulo” así le llaman, Gorgona camina entre húmedos callejones con un cuaderno forrado en piel teñida de negro entre sus brazos, en

un gesto protector. Una peste es subrepticiamente percibida por ella, una mezcla de basura y putrefacción, ella busca el origen de tal pestilencia pero la fuente de ello la alcanza primero. Un vagabundo de larga barba entrecana, vestido con retazos de un pantalón y una repulsiva pieza de tela gris verdosa a modo de camisa. Aquella degradación de la humanidad desenvaina una oxidada cuchilla de al menos 4 pulgadas de largo y lo presiona contra el cuello de Gorgona.

-Carne fresca, que suerte tengo… -Su aliento es aun peor que su aroma general –No es seguro caminar solo por estos callejones, ¿Lo sabias, putilla?

-Dejame en paz bastardo… -No grita, solo murmura mientras el vagabundo olfatea su cuello a escasos centímetros de su navaja.

-Si gritas te matare, si peleas será peor –Dice lascivamente mientras la toma por el cuello fuertemente y con la navaja desgarra la fina blusa negra de Gorgona hasta dejar a la vista un firme par de senos para lamer y morderlos salvajemente. Posteriormente, a base de golpes en el rostro y estomago, la obliga a darse la vuelta y quedar de frente a la pared apretando su trasero con una mano y lamiendo su cuello para luego susurrar:

-Esto no será rápido asi que mejor disfrutalo, te violare, luego te matare y volveré a violarte –Dice esto riendo mientras con la navaja en su cuello, con la otra mano saca su miembro y lo apunta hacia ella. Gorgona, Claire Strauss, huérfana y victimizada no grita, solo gimotea en silencio derrotada, esperando que termine…

Poco antes de que sienta la primera brutal embestida, se siente libre de la presión de sus manos y el filo de la navaja, gira cubriendo sus pechos, con surcos de lágrimas en el rostro, para observar el milagro frente a ella:

Una figura yace sobre el vagabundo, con el pie izquierdo fuertemente sobre la muñeca de la mano que empuña la navaja, la mano derecha inmoviliza la otra mano del vago y con la mano izquierda mantiene un arma con el cañón dentro de la boca del vagabundo que ahora se limita a gimotear sin fuerza. Una potente voz es emitida por el misterioso salvador que declama:

Claire Strauss! Heredera del difunto Strauss, víctima de la vida, Gorgona, ¿Cuál es tu veredicto?

Claire, aun paralizada por el temor y la humillación, incapaz de pensar de manera racional gimotea incoherentemente mientras el vagabundo sometido forcejea inútilmente hasta que el hombre repite la pregunta con voz imponente; en ese momento solo puede pronunciar su deseo mas puro y arraigado:

-Salvame

El hombre ríe fríamente y tras percibir el miedo del ser bajo su cuerpo susurra:

- Que así sea. –Posteriormente entorna la mirada al vagabundo y murmura en su oído -No importa como me clasifique el mundo, el verdadero monstruo eres tu… -Una fugaz sonrisa cruza su rostro y jala el gatillo. Su risa, grave y vacía, llena la noche y reverbera en el callejón.

Ahora camina hacia Claire quitándose el abrigo y cubriendo con el a Gorgona.

-Vete a casa. –No dice mas.

Claire, aun en un ligero shock obedece, camina, perdida en sus pensamientos durante varios minutos hasta que llega al umbral de su vivienda y entra. Al cerrar la puerta tras de si, escucha por el resquicio de la misma:

-Vive…

La mujer auto-proclamada Gorgona giró sobre sus talones buscando la fuente de tan peculiar orden pero lo único que le dio respuesta fue el vacío de las destartaladas callejuelas y una rosa blanca abandonada junto a la banqueta con una nota clavada la única espina de la mismo: "Deja abierta tu ventana. La grandeza es tan duradera como las leyendas."

Hecho a correr a su habitación agradeciendo que sus padres, carentes del común sentido de paternidad no notaran la gabardina que no le pertenecía, ni sus ropas desgarradas o su rostro surcado de lágrimas secas. Al llegar a sus aposentos, abrió de par en par la ventana y se asomo ilusionada esperando ver a su héroe hecho de sombras deslizarse ante su presencia, mas la espera resultó vana sin importar las horas que transcurrieron perezosamente hasta que cayó rendida y un poco desilusionada, simplemente se dejó caer sobre su cama sin mas y se perdió en sus propio mundo onírico.

No mucho tiempo había pasado dormida, murmurando nombres que el viento ya se ha llevado así como el indómito oleaje se lleva las huellas de la arena, ruegos de piedad y de compañía. Una lágrima rueda por su mejilla y al llegar a su labio superior es limpiada por un dedo frío como la misma muerte. Tal contacto la devolvió a un estado de mínima conciencia, entreabriendo los ojos alcanzo a ver una figura tomando la gabardina que había depositado sobre la silla frente a su escritorio y a la vez dejando algo sobre el mismo antes de salir rápidamente por la ventana. Sobresaltada se abalanzó sobre su escritorio para notar con un pinchazo de dolor que se había clavado en la palma de la mano la espina de una rosa con otra nota siguiendo el patrón de la ultima:

"Cuida de ti misma, no te atrevas a morir, cuando deba ser, volveré por ti".

Tras unos segundos reaccionó sobre lo que representaba esa nota y tras un par de agitados pasos alcanzó la ventana, la cual estaba cerrada y a través de ella solo había una calle vacía, mostrada por una mortecina luz proveniente de un faro decolorado por el tiempo.

A varios kilómetros de ahí, a varias ciudades de distancia, varias semanas después, Legión camina entre la nieve, bordeando arboles casi muertos atraviesa un ligero bosque rodeado de un desierto blanco aparentemente sin final hasta dar con una cabaña de apariencia abandonada, al acercarse a ella se percata de que un hombre se encuentra patrullando los alrededores de la misma, al acercarse a la puerta, este hombre, al parecer un soldado de mandíbula cuadrada y mirada dura y mas fría que el mismo invierno, estándar de disciplina militar, le dice con un marcado acento alemán:

-Este es un pésimo lugar para estar perdido... -El sarcasmo denota la amenaza de sus palabras

-Siempre he estado perdido porque se exactamente a donde voy.

-¿Quién eres? -Pregunta mientras hace un ademán de desenfundar un arma de mano.

-Ich bin die Erntemaschine von Seelen...

-Adelante... -Gruñó mientras abría la puerta de la cabaña, la cual tenia mas cerraduras de lo esperado en cualquier cabaña en medio de un bosque de nieve.

-Dank Sie

Al entrar a la cabaña la puerta se cierra tras de si. Pobremente iluminada por un foco parpadeante, demasiado enpolvado como para permitir la visibilidad completa del recinto. Lo único existente ahí son 2 sillas, una vacía y la otra ocupada por un hombre irreconocible bajo esa luz, entre ambas sillas había una mesa de madera sin trabajar, con un cenicero, una caja de puros sin ningún tipo de leyenda y un encendedor plateado.

Legión tomó asiento y sin miramientos de ningún tipo, puso uno de esos puros en su boca y lo encendió:

-gute Nacht Alistair.

El hombre o la sombra de la silla, denominado Alistair, no pareció sobresaltarse ni tener reacción alguna ante las acciones o palabras de Legión, permaneció impasible, sentado cubierto por sombras que solo dejaban ver sus manos forradas en guantes de cuero. Legión, sin inmutarse por ello puso el encendedor sobre la caja de puros y lo deslizó sobre la mesa hasta las manos de Alistair quien, pasados unos segundos, tomó uno de los puros y lo encendió sin reverencia de ningún tipo.

El sepulcral silencio reinante solo era perturbado por el crujido suave de los muros al ser inútilmente asediados por una creciente tormenta de nieve. La ya de por si reprochable luz decayó aun mas, dejando por minutos de existir, aunando sombras al pesado y abrasivo silencio, dejando solo en verdadera existencia el crujir de las paredes y un par de puntos rojizos en el aire consumiendo tabaco. Al volver la luz, Legión tomó el encendedor y lo activó para prender el puro que Alistair acababa de tomar y a su vez encender otro para si mismo sin decir palabra alguna. El segundo puro de ambos se iluminaba y de sus bocas emanaban bocanadas de turbio humo gris a ritmos regulares. Con cada minuto, con cada bocanada, con cada segundo que pasaba el aire se enviciaba mas y el silencio se volvía casi tangiblemente pesado. Un hombre común y corriente habría sucumbido ante tan atroz silencio, mas Legión, al terminar de fumar, se levanto, dejando caer los restos de su puro sobre el cenicero. Caminó hacia Alistair y tras soltar la ultima bocanada de humo y posando la mano en el hombro de Alistair dijo:

-Si para criaturas como nosotros el tiempo es algo mas que una burla, ha pasado mucho tiempo.

Tras decir esto, Alistair golpeó la mesa con la palma y sin romper su olímpico mutismo lanzó la silla hacia atrás con fuerza al levantarse estrepitosamente y salir de la cabaña hacia la tormenta. Legión esbozo una mínima sonrisa al tomar de la mesa una marchita rosa negra con una pieza de papel clavada en el tallo. "Las memorias son eternas como el humo. Nos veremos de nuevo... Pronto."

Tras leer esto lentamente, Legión soltó una larga carcajada y tras volver a sentarse y encender un puro mas, balanceó la silla para posar los pies en la mesa y con el puro en la boca murmuró para si mismo:

-Ciertamente nos veremos pronto... Padre.

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