La densa niebla acariciaba una vez mas el olvidado y sereno poblado mas alla de Downvalley Hill. Cada uno de los habitantes ya se encontraba calidamente guarecido en sus respectivos hogares a excepcion de los pocos errantes en los callejones y los hombre de familia urgidos a llevar pan a sus respectivas mesas.
"La niebla es augurio de calamidades en este pueblo..." Decian los abuelos frente a la chimenea crepitante de sus hogares a sus nietos, ignorando la mirada de padres alarmados por las castas mentes de sus hijos a la vez que temen dentro de si mismos algo ignoto, algo traido por la niebla.
La puerta emite un ligero chirrido al abrirla mientras ante los ojos de un padre ortodoxo y marido dedicado se despliega el fruto de su sudor; una casa acogedora y ordenada, una esposa amorosa en la cocina preparando la cena para la familia y la certeza de un hijo bien criado, en su habitacion cumpliendo sus deberes escolares.
Tras un amoroso y fugaz saludo, este modelo de ama de casa convoca a un niño no mayor a los 8 años a la mesa para una cena llevada en armonioso silencio que tarda unos minutos en romper el pequeño con una pregunta inocente:
-¿Ustedes me aman porque soy un niño bueno? -Pregunta dulce, para ser respondida de manera firme, casi mecanica por el padre.
-Eres un niño bueno porque te amamos. -Tras esta respuesta toda la platica se borra dando paso a la hora de dormir.
En medio de la noche el primogenito de este apacible hogar despierta apesadumbrado mirando a un obscuro rincon con los ojos anegados en lagrimas murmurando:
-Es hoy ¿Verdad?
-Si, es hoy, es la hora. -una voz infantil y sin embargo fria y dura se alza a traves de las sombras hasta los dulces oidos infantiles.
-No me dejaras solo ¿Verdad Azmodeus?
-No. Es la hora, ve. -La pequeña silueta infantil de Azmodeus, la unica amiga de este niño se oculta en la sombra mientras el se levanta triste de la cama y sale del cuarto.
Un sonido agudo, un vidrio roto en la cocina llama la atencion de un preocupado y ortodoxo padre y marido el cual toma un pequeño bate que se encontraba en su polvoriento rincon, listo para proteger a la familia y baja rapidamente las escaleras cerrando la puerta tras de si.
Una corta y rapida serie de golpes secos seguidos de un golpe sordo llenan de pavor a una esposa la cual, paralizada de miedo vuelve a la realidad al ver a su unico y joven hijo llorando en el umbral de la puerta. Antes de que lo llame él corre al lecho materno donde es envuelto por el calido abrazo de su madre quien nerviosa canturrea en un vano intento de tranquilizar al fruto de su vientre.
-Tranquilo cariño, todo esta bien, papá subira pronto y nada habra pasado. -Dice quedamente sin saber si realmente trata de tranquilizar a su hijo o a si misma.
-Mami... ¿Y si papá no va a subir pronto y yo no fuera un niño bueno? -Gimotea el pequeño lenta y entrecortadamente
-No digas eso...
-Mami, soy un niño malo. ¡Soy un niño muy malo! -Grita desaforadamente mientras de entre su pijama saca un pequeño cuchillo el cual clava en la garganta de su madre tiñendo las sabanas de un uniforme tono rojo obscuro y se aleja llorando en silencio mientras la madre moribunda alcanza a ver en la espalda del niño la marca de una mano ensangrentada la cual por el tamaño solo podria pertencer a su ortodoxo marido.
Tiempo despues, tras años de rondar los lugares mas obscuros e inhóspitos que pudiera encontrar, ya sea entre humedos callejones observando a las ratas olisqueando la basura acumulada por semanas, escuchando a los vagabundos y leprosos escondidos entre la misma, atento a sus anecdotas, maravillado de todo lo que un hombre degradado puede contar a cambio de un par de cigarrillos que habilmente substrajo de la tabacalera local tras descubrir el momentaneo descanso tras una calada de humo; historias de prostitutas y depravacion, de vicios y de muerte.
Fue justamente esto lo que en una noche de luna llena especialmente rojiza llevo a este pequeño hombre al lugar mas humedo y nauseabundo que se le pudo ocurrir: El cementerio municipal de Downvalley Hill.
Al llegar al umbral del camposanto y agilmente sortear la puerta firmemente cerrada, con pasos febriles andaba, observando con mirada soñadora cada lapida polvorienta y cada cripta que lenta, muy lentamente era devorada por la maleza sin recortar. Un chispazo y posteriormente una tenue flama alumbraron este hogar de muerte mientras encendia uno de los cigarrillos robados especialmente para esta noche. Inmediatamente su olfato fue abrumado por el acre y a la vez dulce aroma del tabaco -una mezcla importada, decia el anuncio-, mientras trepaba a la cripta mas prominente cuyo nombre familiar era casi ilegible gracias al descuido y el paso de los años. Al alcanzar la cima, grácil como un felino subió a la cruz de hierro para sentarse suavemente sobre una de la prominencias laterales del mismo y con el sabor del tabaco en su boca contemplar la luna llena, embelesado por su belleza y la vibrante influencia que parecia ejercer sobre su cuerpo y su mente. Mientras tenuemente era bañado por la luz casi anaranjada de la luna comenzó a temblar, enloquecido por el baño de luz, alejando inhibiciones y con ellas las reminicencias de cordura que parecian acompañar sus pasos.
-¡Hey! -la voz aspera y agresiva del sepulturero y velador del cementerio quiebra la fragilidad de la paz de este joven- ¡Bajate de ahi carajo!
No fue el ofensivo grito sino la vulgaridad del sentimiento lo que despertó la ira desenfrenada de la juventud quien en vez de retirarse decidió bajar y estrellar con el peso de la gravedad y la insensatez de la adolescencia el rigor de su puño contra el rostro de este guardian de los muertos quien aparentemente aturdido cae al sueño. En una fatidica muestra de arrogancia este hijo de los callejones decide darle la espalda e irse. No bien habia hechado a andar de vuelta a la noche cuando recibió un golpe metalico en la parte posterior del craneo, un impacto tal que lo hizo caer de rodillas a merced del iracundo sepulturero.
-Es dificil trabajar... cuando mocosos de mierda como tu... no dejan de meterse -Decia a la par que con rabia lo golpeaba rompiendo sus articulaciones y fracturando sus huesos- en mis asuntos.
El cuerpo moribundo yacia inerte entre los matorrales del camposanto atragantandose con su propia sangre y vomito con los ojos anegados en lagrimas sintiendo como la muerte se cernía sobre el "Un lugar ironicamente adecuado- pensaba mientras se aferraba a las matas de hierba con los puños- no es menos de lo que merezco"
-Estupido niño ¿De verdad aqui pretendes a morir? Que patetico...
Las lagrimas se detuvieron al oir esta dulcemente cruel y familiar voz. -Azmodeus, crei que me habias abandonado hace mucho.
-Mas estupido aun, ¿Cómo crees que has sobrevivido estos años? Tienes que vivir aun... -Despues de oir esto la conciencia se desvanece como las sombras al amanecer.
Al recuperar la conciencia el dolor le prohibe moverse asi como el peso de la curacion en sus extremidades permanece como una indeleble muestra de su terrible fragilidad mientras cae en cuenta de que se encuentra en una cama del sanatorio local a merced de la medicina y los calmantes que dan la apariencia de mitigar el dolor.
El pesar que embarga su turbio corazón lo lleva a una iracunda exclamación que marca el rumbo de su futuro y sin saberlo el de muchas vidas a su paso:
-¡Necesito ser poderoso para obtener mi venganza!