23 de febrero 11:45pm
Si bien la paz nunca fue diseñada para durar, siempre resulta tan ominoso como inesperado cuando es destruida por la tormenta que causa el aletear de una mariposa y el temblor de la pisada de una hormiga.
Vaguedades como esta pensaba Charlotte bajo la tenue luz de una lampara de pie mientras placidamente leía textos de la misma calaña que Derleth, Poe o Lovecraft a la vez que degustaba una humeante taza de té y dejaba su mente navegar a la deriva, dibujando cómodamente los horizontes que Arthur Gordon Pym y estremeciendose en el reptante horror que inundo el ocaso en la vida de Herbert West; Contemplado mundos perdidos y que jamas debieron existir.
De nuevo Charlotte se encontraba en el mullido sofá de su simple salita de estar. Al ver una taza vacía y olvidada frente a ella, la llevó a la cocina tal y como había sido criada de pequeña, un modelo de orden hogareño.
Sin embargo al volver a la sala, lo que encontró no fue la calma hogareña propia de ella sino una mascara oriunda del teatro griego, blanca como el invierno, solo mancillada por grietas nacidas en el espacio destinado al ojo izquierdo de la misma. Inusualmente el viento soplaba inquieto e inmundo, aromas de cementerio y criptas. Al levantar la mascara se percató de una inscripción que leyó en voz alta:
-"Estas viendo el lado equivocado". ¡Vaya! Un mal chiste...
-¿Tú crees? -Charlotte se sobresaltó al oír tras de si la imponente voz que inmediatamente identifico como la de Legión y al girar con ilusión, su fantasía fue rota al sentir en su frente frío metal y notar con atónita mirada una pistola en la mano de aquel misterioso hombre, cuyo rostro usualmente tranquilo y serio ahora lucia desencajado y con la mirada perdida, brillando con demencia, su boca lucia lo que en algún punto fue una sonrisa y ahora solo es una mueca grotesca.
Charlotte en una reacción maquinal giró para huir pero frenó instantáneamente al sentir de nuevo la fria pistola en la frente y la temible vista que daba el rostro de Legión de nuevo frente a ella. Intentar huir era algo vano e inútil, cada giro, cada vil intento de huir, ahí estaba, la fría pistola y el grotesco rostro de Legión, como clones, una multitud demente.
La dura realidad cayó sobre ella como un relámpago, la muerte es inminente. La apatía se apodera de ella y cierra los ojos dejando caer la mascara. Al caer al suelo y quebrarse, una multitud de disparos truenan al unisono.
Sobresaltada Charlotte despierta en su sillón y se percata de que el voluminoso texto que antes leía ahora yace en el suelo.
-Parece que soñar no te sienta bien pequeña...
Ciertamente estaba despierta al oír tras de si la voz de Legión. La habitación parece un poco mas obscura en su presencia, mas Charlotte no teme pues es una obscuridad cómoda, una sombra apacible, su obscuridad.
-Tal vez debería preocuparme al tener a un desconocido entrando a mi casa con tal facilidad ¿No lo has pensado? -Trata de sonar indiferente, sin lograr por completo ocultar la emoción que embarga cada fibra de su ser. -Pensé que no volvería a verte.
-Eso casi era acertado querida...
Al enfocar la mirada Charlotte encuentra la respuesta a la incógnita que ese comentario incitó; su piel mostraba una larga serie de moretones y heridas, tanto en su rostro como en la alfombra se hallaba una amplia estela de sangre como una sola mancha carmesí. Legión, percibiendo como la mirada de la joven recorría cada una de sus heridas dijo:
-Permiteme tomar un baño y si eso deseas me iré inmediatamente después.
Charlotte indecisa entre si quería que se quedara o no, solamente asintió con la cabeza y le señalo el baño diciendo:
-Ya hay una toalla ahí.
Legión avanzó pesadamente hasta el baño, dejó caer sus vestimentas sobre el inodoro y abrió una de las llaves con una etiqueta color rojo en el centro y recibió el escozor del agua helada y luego calor en su cuerpo mientras se teñía con la sangre que se iba limpiando. Una larga serie de pensamientos corrian por su mente, imágenes de muerte y redención, de violencia y paz, divagando en como un joven hijo del orfanato y las inmundas calles podía continuar impío aun en el paraíso.
Cuando se encontraba a punto de cerrar la llave y salir, se encontró con el chirriante sonido de la puerta corrediza de la regadera al abrirse y la hermosa desnudez de Charlotte entrando con mutismo y ceremonia ante su rostro. Legión no se movía, permitiéndole la entrada.
Ella sin decir una sola palabra entró y se recargó sobre el tibio y firme pecho de Legión, con la cabeza en su hombro en un silencio solo mancillado por el incesante repiqueteo del agua en las paredes y suelo de la regadera. La respiración de ambos parecía estar sincronizada. Legión rodeó con sus brazos la suave y perfecta espalda de Charlotte en un abrazo. El hombre, sin mostrar emociones cierra la llave y casi inmediatamente se percata de un sollozo bajo y constante. Charlotte llora suavemente sobre su hombro. El la toma por los hombros y la despega de el, quitando el cabello del rostro de ella para mirarla a los ojos, aquellos hermosos ojos verdes no mostraban expresión alguna, solo lágrimas que corrían hasta confundirse con la humedad en su rostro y perderse en grandes gotas entre sus pechos. Tras una corta eternidad, los ojos de la mujer se llenan de una mezcla de pesar y deseo y se lanza con furia hacia los labios de Legión, besándolo. Un beso ansioso y suplicante que el hombre no rechaza.
Al separarse, casi por instinto, ambos cuerpos, desnudos y húmedos se dejan caer, no en un gesto de pasión sino dándose animo mutuamente en un idioma mas allá de las palabras, Charlotte sentada en las piernas de Legión, frente a frente y sin decir palabra alguna.
-Lo siento... -Dijo Charlotte finalmente. -No debí hacer eso. Todo esto esta mal, es retorcido, es abominable, es grotesco, es...
-Es lo que sabíamos que iba a pasar y por lo tanto lo que debía pasar.
Charlotte estaba atónita. No solo no había desaparecido, sino que Legión mostraba un lado verdaderamente real, no era solo un sueño, no solo una fantasía, realmente estaba ahí, realmente la tenia entre sus brazos, realmente estaba tocándolo, cada herida cada cicatriz, cada marca y tatuaje, cada indicio de humanidad ahí estaba. Legión realmente existe -Se decía a si misma.- El es real tangible y la aceptaba.
-¿Quién eres? Se que suena estúpido que te lo pregunte desnuda en tu pecho, pero lo necesito saber, ¿Quién eres tu realmente?
Tras un segundo de silencio en el que Charlotte besaba con alabanza su pecho, respondió:
-Mi historia es larga, te la contare mientras atiendo mis heridas.