-Izquierda, derecha, otra derecha, izquierda en el pozo y sigues derecho, izquierda, derecha, otra derecha...
Charlotte percibía mas. No sabia si era por el miedo, la angustia o tal vez (y aunque se odiara por siquiera pensarlo) la adrenalina de conducir a gran velocidad un auto tan elegante y con la perspectiva de que podría conservarlo sin muchas preguntas si es que él...
-¿Muriera?
Alarmada Charlotte viró con tal rudeza que sintió como el auto que, hace menos de una hora era pulcro y brillante, ahora se encontraba destartalado y abollado por un ligero pero sonoro golpe contra una pared por el costado izquierdo.
-Vaya vaya vaya... Eres una pésima conductora ¿sabes? -De repente y con otro sobresalto Charlotte se percata de que aquella voz es originada de manera viperina por una mujer delgada y hermosa, de tez blanca como la nieve y cabello negro como cueva de lobos.
-¿Quién eres? -Un furioso huracán de incógnitas recorría la frágil y turbulenta mente de Charlotte con tanta fuerza que su psique no pudo mas y cayó inconsciente sobre el volante forrado con liso cuero blanco.
El ruido de sirenas, murmullos expectantes y una mujer gritando de manera histérica despertaron a Charlotte quien, pasmada por el extrañamente familiar techo que ahora veía, sentía el cuerpo pesado, casi amarrado pensaba ella hasta que cayó en cuenta de que estaba parcialmente envuelta en vendas.
-¿Ahora lo ves? Morir es mas difícil de lo que parece, ni siquiera durmiendo al volante mueres, que peculiar. -Dijo una voz con una risa que, por los jadeos y enturbulantes estertores sonaba terriblemente maligna.
-¡Eres tú! ¿Estas bien? ¿Qué pa.... -El ya clásico mar de preguntas fue evaporado por un tremendo pinchazo de dolor en una de las vendadas costillas. Charlotte se llevó una mano a esa costilla con rapidez, mas no llego a alcanzarla ya que la velocidad, demasiada para tan maltrecho cuerpo, causó un tirón entre los vendajes del brazo, los cuales con un pequeño gruñido de dolor se tiñeron rápidamente de un intrigante tono carmesí.
-No se porque pero esperaba eso... -Dijo Legión sarcásticamente mientras desprendía las sanguinolentas vendas del brazo de Charlotte y con delicadeza y una lentitud casi romántica extendía un pequeño tramo de una venda limpia y nueva para suplir la que acababa de quitar.
-¿Qué pasó contigo? -Una sola pregunta. Charlotte hizo una sola pregunta con la creencia de que de esa manera obtendría respuestas.
-Prefiero que no preguntes, no me gustaría tener que mentirte. -Charlotte levantó la mirada por primera vez y se percató de que el rostro de Legión estaba goteando sangre lentamente casi de forma pausada, pero entendiendo sus palabras, decidió callar.
-No te muevas o abrirás las puntadas... -Puntadas. Hasta ese momento Charlotte se percato de las brillantes y casi estéticas puntadas en su brazo.
-Asumo que tu las hiciste -Dijo Charlotte dejando el brazo extendido tratando de no moverlo y mas difícil aun, de ignorar el escalofrío que recorre su brazo, similar a una descarga eléctrica que va desde las yemas de los dedos de Legión hasta su piel, la cual se erizaba ante su tacto.
-Gracias... -Ya había terminado de cambiar el vendaje, firme pero no muy apretado, al parecer tenia experiencia en ello
-Aun no se como sobreviviste pero me alegra que haya sido así. -Charlotte tampoco lo sabia, a decir verdad no sabia que era lo que creyó haber visto u oído, ni como salio del auto o como llego a su casa.
-Bebe esto -Seguía sin preguntar y Charlotte aun obedecía sus ordenes sin siquiera pensar que tenia la opción de no hacerlo. -Te ayudará. -Al decir esto deposito en las frágiles y un poco temblorosas manos de Charlotte una tasa con un liquido de color entre verde y café, no humeaba pero Charlotte sabia que estaba caliente.
-Té de hierbas... -Hace años que no lo bebía pero aun lo podía reconocer con impresionante facilidad. -Gracias. -Agregó Charlotte antes de apurar un sorbo mientras veía a su extraño "guardián" caminar distraidamente hacia el balcón para observar la luna... o eso creyó Charlotte. Un segundo de silencio y un golpe seco pero suave hizo a Charlotte dar un respingo y correr hacia el balcón dejando estrepitosamente el té sobre la mesita. Al llegar al balcón y darse cuenta de que Legión no estaba mas ahí. Al asomarse sobre la diminuta barda Charlotte vio una silueta negra caminando cerca de la pared dando tumbos desgarbados, sabiendo quien era, gritó:
-¡Legión! -Sin dejar de caminar, solo ralentizado por la aparente debilidad y ahora tomando apoyo de una pared cercana, no volteó, solo levanto el brazo y con 2 dedos hizo un ademán de despedirse y desapareció entre las sombras.
-Vuelve... -Susurró Charlotte con una ligera sonrisa opacada por lágrimas en sus ojos.
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